
El regalismo fue una doctrina político-religiosa clave en la Europa moderna que defendía la supremacía del poder del monarca sobre la Iglesia dentro de su territorio. Lejos de ser una simple teoría, se convirtió en una herramienta fundamental para fortalecer el Estado y limitar la influencia del papado.
En España, el regalismo alcanzó su mayor desarrollo durante la Edad Moderna, especialmente bajo los Borbones en el siglo XVIII. Reformistas ilustrados como Campomanes o Floridablanca impulsaron políticas destinadas a someter la Iglesia a la autoridad del rey, como el control de los bienes eclesiásticos o la expulsión de los jesuitas en 1767.
Este modelo no implicaba una ruptura con la religión, sino todo lo contrario: defendía una estrecha alianza entre trono y altar, pero bajo la dirección del poder real. El rey se convertía así en el principal garante del orden religioso y político.
En el siglo XIX, el regalismo siguió presente, especialmente en sectores absolutistas y ultrarrealistas, que lo integraron en su defensa del Antiguo Régimen frente al liberalismo. De este modo, el regalismo no solo fue una doctrina jurídica, sino también un elemento clave en los conflictos ideológicos que marcaron la transición hacia la España contemporánea.
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