A simple vista, la Primera Guerra Mundial comenzó con un asesinato en Sarajevo, pero en realidad fue el resultado de una tensión acumulada durante décadas. El auge del nacionalismo y el imperialismo empujó a las potencias europeas a competir por territorios, mercados y prestigio, mientras que el sistema de alianzas convirtió cualquier conflicto local en una amenaza global. Además, la carrera armamentística y la rivalidad económica intensificaron el clima de desconfianza, preparando a Europa para una guerra de enormes dimensiones. Todo este cóctel explosivo estalló en 1914 tras el asesinato del archiduque Francisco Fernando, desencadenando un conflicto que arrasaría el continente