La arquitectura románica se desarrolló en Europa entre los siglos XI y XII, en un contexto feudal marcado por el poder de la Iglesia y el impulso de monasterios como Cluny. Fue el primer estilo artístico común europeo tras la época romana y se difundió gracias a las peregrinaciones y las Cruzadas. Se caracteriza por el uso del arco de medio punto, los muros gruesos, las bóvedas de cañón y de arista y los pilares robustos, lo que genera edificios sólidos y con poca iluminación interior. Las iglesias suelen tener planta de cruz latina, con ábside y, en los grandes templos, deambulatorio y capillas radiales. Además, la escultura en portadas y capiteles tenía una función didáctica, transmitiendo mensajes religiosos a la población. Este estilo evolucionó a partir del siglo XII hacia el arte gótico, que introdujo mayor altura y luminosidad.
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